Olvidémonos ahora de esa ternura, y pasemos a refrescar brevemente la escena de la metamorfosis a la que me refiero, bueno, más bien relataré mis impresiones, con el derecho que me da ser la que está escribiendo. Estas son mis impresiones. Un hombre normal se convirtió en una cucaracha, perdió sus derechos, perdió su dignidad, confinado a una existencia en la que como mucho podrá ser tolerado, nunca amado, nunca respetado, nunca aceptado. Es una injusticia, pero calla, porque sufrir injusticias es el destino de las cucarachas. Con miedo de asustar, con miedo de recibir violencia, calla. Cuando un día le quieren quitar su bien más preciado, un simple cuadro que alivia su dolor, entonces se decide a hablar, muy tímidamente. Se atreve, osadamente a salir de su cuarto, a salir de su jaula, a salir de su estatus de cucaracha y hablar, muy tímidamente. Pero esto es considerado como una rebeldía. Los que le toleran compasivamente lo encuentran inaceptable. Los débiles se apartan de su demanda de justicia, gritan y se desmayan sin saber que hacer. Pero el fuerte se siente con derecho de castigar, y le bombardea con manzanas, diciendo con su impasible mirada, ¡si quiere existir, confórmate entonces con una miserable existencia!¡si no, prepárate a morir en mis brazos, bribón!¡y quédate en tu jaula, no nos molestes que tu repugnante presencia!. Una manzana se queda clavada en su exoesqueleto, y se queda ahí para siempre, como un recuerdo, una huella imborrable del vergonzoso suceso. Vergonzoso porque Gregor, era inocente, no iba a herir a nadie, no quería asustar a nadie, no iba a pedir sino algo muy pequeñito, algo que incluso se puede conceder a una cucaracha.
Ahora, no se por qué, lo veo claramente, de forma objetiva y sin dolor, me alejo de la escena y contemplo la traición con ojo clínico, y la analizo. Quiero comprender, quiero justicia, quiero curar. Recuerdo a otro Gregor Samsa, le conocí el año pasado. Fue cuando tuve que formar parte de un grupo con motivo de una formación. Él era físicamente distinto, alto, grande, calvo, con una cicatriz en el cráneo. Era muy inteligente y creativo, ideosincrático. Por ambos motivos fue elegido para estar sólo. Y eso hacía, estaba solo, fingía que no pasaba nada, y hacía bromas incoherentes, pero no osaba ser parte del grupo, sabía bien que su lugar estaba al margen. De vez en cuando alguien se acercaba compasivamente a charlar con él, y luego daba cuenta a los demás de que en verdad era una persona desagradable e indeseable. Se le imputaron algunas faltas graves, insultos y ofensas que presuntamente había lanzado contra un miembro del grupo de mayor estatus. Era todo mentira ,por su puesto, meras excusas para tener un motivo objetivo que justificara su destierro. Con el paso del tiempo, los dos chicos de menor estatus del grupo, después de él, decidieron formar grupo con él, guardando distancias, claro, y reportando, siempre de forma graciosa, sus conductas más desagradables, sobre todo referidas a su olor. Yo no tuve ocasión de comprobar si olía mal, nunca noté olores cuando estuve junto a él. Es cierto que hablaba fuera de tiempo, pero es completamente lógico, cuando te conviertes en cucaracha, pierdes las manos y los pies, y la boca, y sólo puedes agitar tus patitas de insecto esperando que alguien entienda tu mensaje.
No lo cuento por contar, este Gregor también sufrió el episodio de la manzana. Fue increíble Un fin de semana nos fuimos todos a Francia, era un viaje de obligación, no de placer. Éramos unas 30 personas y fuimos a un hotel básico, baratito, pero confortable y limpio. Para que saliera más económico compartíamos las habitaciones de dos en dos o de tres en tres. Como os podéis imaginar, nuestro Gregor quedó emparejado con los chicos compasivos de bajo estatus. Interrumpo un momento la historia para subrayar que no quito mérito a estos chicos, ellos tenían la capacidad de estar integrados en el grupo, pero también de sentir compasión por Gregor, y se pueden asimilar a la madre y la hermana en la historia de Kafka. Hay una gran diferencia entre estar completamente sólo, y tener a dos personas, que aunque no te aprecien ni te acepten, te toleran mejor que las demás, y sobretodo no te insultan directamente. Bueno, como iba diciendo, los tres se quedaron juntos en una habitación. El suceso ocurrió por la noche, la gente del grupo, bueno, era joven, y estaba excitada y alegre por la novedad de estar en un hotel, y en cuanto el supervisor del viaje se fue a dormir, se cambiaron de habitaciones, juguetonamente, iban y venían por los pasillos del hotel, sintiéndose muy traviesos, armando escándalo, riéndose, haciéndose bromas. Entonces se les ocurrió visitar a nuestro Gregor en su habitación. Llamaron a su puerta y abrió uno de los compasivos; uno de los traviesos entró en la habitación, Gregor estaba en la cama con el ordenador, dijeron que descalzo, el travieso le saludó amistosamente, o eso fingió, pero luego, se quedó parado, arrugó la nariz y dijo, "¡qué mal huele aquí! ¿no?!", y salió de la habitación tapándose la nariz, corrió junto a los demás que parecerían abejitas zumbando. Entonces entró otro de ellos corriendo, y dentro gritó, "¡es verdad!¡qué mal huele!" y salió corriendo. Entraban corriendo, decían que olía mal, y volvían a salir corriendo, riéndose. Todas las abejitas se reían histéricamente, se afirmaban los unos a los otros con las caras rojas. Los compasivos cerraron la puerta, pero el grupito travieso les convenció de que abrieran y una y otra vez entraban en la habitación y gritaban que olía mal y se reían y salían corriendo. Mientras Gregor intentaba ignorarles, o incluso se reía con ellos, tal vez en un intento absurdo de ser aceptado. A veces entraban de dos en dos y de tres en tres, hicieron hipótesis del origen del olor, los pies de Gregor, que había comido cebolla, el sudor, todo con muchas risas, como si fuese algo muy gracioso, riéndose en su cara. Incluso llegaron a discutir, poniendo caras de niños buenos , la posibilidad de darle algún consejo sobre su higiene. Fue realmente vergonzoso. Creo sin duda que esto es una manzana en el exoesqueleto de paria.
Yo, la verdad, no estaba con los traviesos, que eran el nucleo del grupo grande, yo estaba, como siempre, en un grupo de la periferia, un grupo pequeño de gente tranquilita, poco popular, haciendo el pariolillo en petit comité mientras todo esto pasaba. Me enteré por la mañana, unos seguían con sonrisas coloradas , de lo gracioso que les parecía, otros se sentían culpables, y pidieron perdón a nuestro Gregor. El por lo visto les dijo que lo que había sucedido era inaceptable. Después de esto no hubo más incidentes , excepto porque cada dos por tres algún gracioso decía en son de burla "esto es inaceptable". Por lo demás se le dejó tranquilo , en su pequeño reducto con los compasivos. Poco después el grupo se disolvió y desde entonces no he vuelto a saber de él, espero que el futuro le haya tratado mejor, aunque lo dudo. Yo encima tengo que sentirme agradecida de que a mí no me dijeran nada e incluso me quisieran en su grupo. El mundo me confunde a veces, me deja sin saber que hacer.
Personalmente, de momento me conformo con la compasión y la tolerancia; claro que me gustaría ser respetada y aceptada, incluso amada, pero con todas estas patitas y antenas, no puedo conseguir mucho. Por suerte todavía estoy en el límite y tengo una oportunidad, todavía tengo brazos y manos, y piernas y boca, pero tengo el caparazón negro y brillante en la espalda ( con alas), y muchas patitas auxiliares, y antenas, y ojos raros. ¿Podré vivir así, con este aspecto, dentro de la sociedad?.
En el futuro quiero estar integrada, ser parte de algo más grande, quiero relacionarme tranquila, cómoda y libremente, sin ser juzgada por mi extraña apariencia, que la gente se acostumbre a eso rasgos raros, para que no les de ganas de tirarme manzanas, ni se asusten o se desmayen. Por eso ahora, me separo de mi dolor, y lo utilizo como guía, como prueba, como rastro. Donde aparecen las luces verdes del dolor es que algo ha pasado. Entonces me separo de mi dolor, e investigo, aprendo y cambio. Y ojalá algún día pueda hacer algo por los Gregors Samsas del mundo. Si no, desde aquí mando un abrazo muy fuerte y lleno de cariño a todos y todas ellas y ellos.
En el futuro quiero estar integrada, ser parte de algo más grande, quiero relacionarme tranquila, cómoda y libremente, sin ser juzgada por mi extraña apariencia, que la gente se acostumbre a eso rasgos raros, para que no les de ganas de tirarme manzanas, ni se asusten o se desmayen. Por eso ahora, me separo de mi dolor, y lo utilizo como guía, como prueba, como rastro. Donde aparecen las luces verdes del dolor es que algo ha pasado. Entonces me separo de mi dolor, e investigo, aprendo y cambio. Y ojalá algún día pueda hacer algo por los Gregors Samsas del mundo. Si no, desde aquí mando un abrazo muy fuerte y lleno de cariño a todos y todas ellas y ellos.
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